¿Sabías que el cobre es decisivo para la maternidad?

Manuel Polls

Efectivamente el cobre es fundamental tanto para la madre embarazada como para el bebé recién nacido y el lactante.


Todos los estudios ginecológicos describen una elevación progresiva de la presencia de cobre en el cuerpo de la madre durante la gestación, de modo que en el momento del parto se hallan valores entre el doble y el triple de los obtenidos en la mujer no embarazada. 

El origen de estos altos niveles de cobre parece deberse, por un lado, a un aumento de la absorción a partir del cobre proporcionado por la dieta, y por otro a una disminución en su eliminación, por descenso de la excreción biliar y ausencia de pérdidas menstruales en la futura mamá, así como por las modificaciones en el equilibrio hormonal. 

Estos altos niveles de cobre de la madre (hipercupremia) son fundamentales para cubrir las altas demandas del feto en desarrollo, ya que los niveles en suero del recién nacido son muy superiores a los encontrados en el adulto. 

El cobre es considerado un elemento traza esencial y forma parte de múltiples sistemas enzimáticos fundamentales para el organismo humano. El más importante sin duda sería la respiración de la madre y del bebé, que se produce a nivel de cada célula del organismo en unos orgánulos celulares llamados mitocondrias, donde el citocromo C, decisivo en la cadena energética del oxígeno, necesita iones de cobre, los cuales posibilitan que cada célula y el individuo respiren incesantemente. 

Durante la vida intrauterina el feto recibe el cobre a través de la placenta, y está presente en su organismo desde épocas muy precoces de la gestación. No obstante, las mayores cantidades de cobre le son transferidas durante el último trimestre, en parte debido a las necesidades impuestas por la alta velocidad de crecimiento existente durante este período, y para contribuir a la formación de depósitos que le permitan asegurar su estatus postnatal: El bebé almacena grandes reservas de cobre que necesitará después de nacer hasta que consuma alimentos por sí mismo, ya que la leche materna es baja en cobre.

El recién nacido a término posee unos 15 mg de cobre, cantidad tres veces superior a la del adulto, debido a las altas concentraciones existentes en el hígado fetal, donde se encuentra más de la mitad del contenido corporal en cobre, que descenderán al 10% . 

El mecanismo principal de transporte placentario de cobre es presumiblemente por difusión pasiva, a favor del gradiente de concentración existente entre el lado materno y el fetal. Aunque también el plasma umbilical permite el transporte de cobre entre la madre y su hijo. 

De manera que el cobre es decisivo: Interviene en la formación del cerebro y del sistema nervioso (mielina, neurotransmisores), en la de los huesos y en la formación de glóbulos rojos y vasos y arterias del sistema circulatorio, entre otras fundamentales tareas. El flujo de cobre en nuestro cerebro tiene un papel clave en el desarrollo del pensamiento humano, especialmente a nivel epigenético en los niños y niñas. Así lo determinó un estudio reciente, que señala que en este proceso es vital la proteína Atp7a, encargada de transportar el mineral por nuestro cuerpo. 

Por todo ello es tan importante que la embarazada reciba una dosis diaria de cobre a través de los nutrientes o de un complemento vitamínico prenatal. Con una dieta equilibrada, la mayoría de los alimentos incluyen una dosis por día suficiente sin necesidad de suplementos. 

Podemos encontrar cobre de forma natural en los granos, como el arroz integral, y otros cereales de grano entero, las nueces y los frutos secos, las legumbres, el marisco y el chocolate.

Tras el parto, las necesidades de cobre de los recién nacidos se cubren con la reserva natural adquirida durante la gestación, y con pequeñas cantidades de cobre disponibles en la leche, tanto materna como de fórmula. Por eso es fundamental que la madre que ofrece el pecho a su bebé siga comiendo alimentos ricos en cobre.

Los frutos secos en general son alimentos con alto contenido de cobre. 100 gr. de anacardos contienen 3,7 mg de cobre, que es algo más del valor diario recomendado para las personas en la ingesta. Le siguen nueces y pipas con 2,3 mg, pistachos 1,3 mg, avellanas 1,2 mg y los piñones y cacahuetes aportan 1 mg.

Entre las frutas, vegetales y hortalizas que se caracterizan por ser alimentos con alto contenido de cobre, se encuentran: La soja, el limón, las moras, los plátanos, el albaricoque, los champiñones, la guayaba y piña, los rábanos y los frijoles.

Hoy se cree que el cobre podría ser más importante para la salud del feto que el nivel de ácido fólico de la madre o que ésta deje de fumar o de beber alcohol. La dosis recomendada de cobre que debe ingerir una mujer embarazada es entre 3 mg. y 4 mg. diarios. Poquísima cantidad, que cabría en la cabeza de un alfiler, pero indispensable.

Esta relación entre mujer, feminidad, fecundidad y cobre eran bien intuida por nuestros ancestros desde la Antigüedad. Así el símbolo del género femenino en biología es el signo astrológico del planeta Venus, y coincide exactamente con el del cobre (establecido por los alquimistas medievales).

Todo ello debe sus orígenes a tiempos remotos de la Grecia y Roma clásicas, cuando la protectora mitológica del cobre era la diosa Afrodita o Venus. Se cuenta que, recién nacida de las aguas del mar, Venus fue llevada por los Céfiros precisamente a la costa de Chipre, donde fue acogida por las Estaciones (las Horas), escena pintada en el famoso cuadro de Botticelli y retomado por Goya. Las Horas la vistieron y la condujeron a la morada de los dioses, y la isla quedó por ello consagrada a la diosa, uno de cuyos sobrenombres es Cypria, ‘la chipriota’.

Siguiendo en el terreno mitológico se cuenta que, al sentirse mirada y admirada, Venus quiso saber el motivo, y pidió algún objeto en el que verse reflejada. Le dieron una lámina de cobre, y tanto le satisfizo la visión de sí misma que le proporcionó dicho metal, que se hizo con él un espejo. De hecho, los romanos solían fabricar estos objetos especulares de metal pulido (sobre todo cobre y bronce), y los asociaban con la diosa.

Más adelante en el siglo XIX Linneo propuso en biología que el icono simbólico de lo femenino, viniese referido a esa Venus contemplándose reflejada en cobre:

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Como el agua en el seno del agua: Amores que fluyen
Manuel Polls